Amaurosis fugaz

         
Pérdida brusca de la visión monocular, parcial o completa, producida por isquemia retiniana. La duración es variable, de segundos a minutos y depende de la etiología, pero la recuperación es total. En ocasiones la pérdida de visión se refiere como si se fuera bajando o subiendo una cortina gris o negra.

Esta pérdida de visión es producida por una obstrucción temporal de la circulación retiniana al disminuir el flujo sanguíneo de la arteria retiniana, arteria oftálmica o arteria ciliar, creando la hipoxia en la retina. En la mayoría de los casos la obstrucción es por placas o ateromas, procedentes de la arteria carótida o del corazón aunque existen otras etiologías que producen la estenosis vascular.

Las placas son acúmulos de grasa, colesterol y otras sustancias que se forman en las paredes de los vasos sanguíneos, en un proceso que se llama aterosclerosis. Estas placas, denominadas de Hollenhorst, se pueden llegar a desprender y viajar hasta las arterias retinianas produciendo su bloqueo transitorio y la consiguiente hipoperfusión retiniana.

Existen muchos casos donde no es posible identificar causa alguna. Siempre que exista un episodio de amaurosis fugaz, se tiene que pensar que es una oportunidad para prevenir un mal mayor, que es el accidente cerebrovascular.

Hay siempre que preguntar por la coexistencia de cefalea, puesto que sirve para hacer un buen diagnóstico diferencial. Si la cefalea va acompañada de claudicación mandibular y el paciente es mayor, se pensaría más en una arteritis de las células gigantes. Si va acompañado de edema papilar y el paciente es joven, se pensaría más en un papiledema. Y, si sólo presenta cefalea se podría estar ante una migraña ocular o retiniana.

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